
La mayor parte de nuestras conductas (formas de actuar, hábitos o actitudes) son
aprendidas, al igual que nuestra forma de pensar y nuestra forma de sentir. Si bien los
seres humanos nacemos con cierta disposición genética, la realidad es que lo decisivo lo aprendemos a lo largo de nuestra vida.
Albert Bandura fue uno de los principales psicólogos en estudiar el aprendizaje por
modelado o también conocido como aprendizaje por observación, aprendizaje social y aprendizaje vicario y cada uno de estos conceptos hace referencia a una característica distinta de este tipo de aprendizaje.
Es aquí que el “modelado” se refiere al hecho de que un individuo tenga un modelo
(persona importante, un artista, amigos, algún familiar, entre otros) a imitar; el
aprendizaje social pone énfasis en el papel de la socialización (hacer amigos, interactuar en situaciones sociales, entre otros) pues se llegan a imitar conductas para encajar; y finalmente el aprendizaje vicario hace referencia a las consecuencias (agradables o desagradables) que hay después de que el modelo emitió una conducta y que son aprendidas por el observador, es decir, si el modelo cumple con sus labores
y después de ello obtiene una recompensa (un día de descanso, las felicitaciones de su
jefe, o tiempo libre) es probable que el observador imite la conducta de hacer sus
deberes.
Por lo que se puede decir que el Modelado es un tipo de aprendizaje que se basa en nuestra capacidad de imitar las formas de actuar de otras personas sobre todo si son significativas para nosotros; y lo hacemos a partir de las observaciones que hacemos de ellos.
Este tipo de aprendizaje se lleva a cabo de forma cotidiana y que cobra relevancia
debido a que es fundamental para nuestro desarrollo, ya que muchas de las habilidades (hábitos, formas de pensar y/o de actuar) que adquirimos a lo largo de nuestro crecimiento las aprendemos a partir de la observación de la conducta de otros, sobre todo cuando aún somos niños o adolescentes.
De acuerdo con Albert Bandura, son necesarios 4 procesos para que el
comportamiento que imitamos se adquiera y se ejecute, siendo estos los siguientes:
Atención: Sólo podemos aprender una nueva conducta si al observarla le prestamos atención. Sin embargo, existen diferentes factores (cosas) que pueden facilitar o no el proceso de la atención; uno de ellos es el hecho de que nos resulta más sencillo imitar a aquellos modelos que se parecen a nosotros (ya sea en sus características físicas o sociales), a aquellos que consideremos
importantes y a aquellos que obtienen mayores recompensas.
No obstante, algo que puede dificultar nuestro aprendizaje por imitación son
nuestros propios estados emocionales (ansiedad, depresión, estrés, entre
otros) y los déficits sensoriales (ceguera).
Retención: Para imitar adecuadamente una conducta, es necesario que contemos con la capacidad para representarla en nuestra mente, ya sea en forma de imágenes o en forma verbal, sin que este el modelo presente y para que esto sea posible se requiere de un repaso constante. Por lo que se requiere que la adquisición de habilidades modeladas sea lo bastante significativa para que podamos asociarlas con aprendizajes previos.
Reproducción: Se refiere al proceso por el cual el nuevo aprendizaje se transforma en conducta, es decir, se lleva a la acción. Este proceso inicia al generar un esquema de actuación (similar al que se observó), para después iniciar la conducta y comparar el resultado con el esquema mental. Finalmente se llevan a cabo ajustes correctivos para acercar la conducta real a
la ideal.
Motivación: Si bien es posible que una conducta se realice sin que se ejecute
una conducta de imitación; esto solo será posible a partir del valor funcional que la persona le atribuya a la conducta adquirida, por lo tanto, los procesos motivacionales son clave para la imitación. Por esta razón, debe existir una probabilidad de obtener algún tipo de incentivo posterior a la conducta
realizada.
Para que nuestros hijos/as adquieran hábitos, valores y comportamientos socialmente
adecuados, es necesario que cuente con un modelo significativo a quien imitar y del cual asimile que esos aprendizajes le traerán consecuencias favorables (agradables) en el futuro.
Nota: Así como los buenos hábitos se aprenden al observar a un modelo, también se aprenden los dañinos (pensamientos desagradables, emociones negativas,
comportamientos agresivos o de desinterés). Observemos que tipo de modelos somos, veamos si somos del tipo que queremos que nuestros hijos/as imiten o aprendan y corrijamos lo necesario para que adquieran lo que realmente queremos para ellos.
Referencias:
Bandura, A. & Walters, R. (1974). Aprendizaje social y desarrollo de la personalidad.
Alianza.
Bandura, Albert, (1987) “Teoría del Aprendizaje Social”, Espasa Libros.
Nabavi, R. T. (2012). Bandura’s social learning theory & social cognitive learning theory. Theory of Developmental Psychology, 1-24.
Deja un comentario