
«El enojo crece en hostilidad, explosividad y amargura. Sabemos por experiencia propia, por la experiencia con la familia y con los amigos, que la hostilidad y el resentimiento acaban afectando a nuestras emociones»
Serafín Contreras
Cuando nos enfrentamos a una situación en la que hemos sido transgredidos, cada uno de nosotros
contamos con diferentes estrategias para reaccionar o manejar dichas situaciones, lo que nos permite
“desengancharnos” de los pensamientos y emociones relacionadas y orientar nuestra atención al momento
o actividad que estemos llevando a cabo. No obstante, para otras personas suele ser más difícil hacer esto
pues continuamente piensan en el suceso, es decir, le dan vueltas y vueltas a lo que ocurrió, recreando el
hecho en su mente y fantaseando en como actuar, lo que los lleva a experimentar la misma emoción y
sensaciones físicas que tuvieron durante el evento. A dicho proceso se le conoce como “rumiación de la ira”.
Pero antes de explicar este fenómeno es necesario saber que la rumiación es un mecanismo de regulación
emocional que se caracteriza por una tendencia a focalizar de forma reiterada nuestra atención en aquellas
emociones, pensamientos y respuestas fisiológicas (sensaciones corporales) relacionados al pasado, a
situaciones de pérdida, fracaso o de confrontación y que puede ocasionar una actitud pasiva para la solución
de problemas (porque los pensamientos no están orientados a buscar un objetivo ni a elaborar un plan para
corregir las acciones que los llevan a sentirse así) por lo que es considerada como una estrategia de
afrontamiento desadaptativa frente estados de ánimo como tristeza, miedo o enojo.
Por tanto, la rumiación de la ira se distingue por la presencia de pensamientos recurrentes y no
intencionales que aparece durante y después de que una persona sufre una trasgresión y que pueden ir
acompañados de sentimientos de enojo e ideas de venganza. Dichos pensamientos pueden durar un largo
tiempo, haciendo que los niveles de ira incrementen y mantengan los sentimientos de enojo reflejando
mayor frustración o supresión de la ira y facilitando la presencia de comportamientos agresivos.
En este tipo de rumiación intervienen tres elementos y cada uno de ellos tiene consecuencias emocionales:
Centrarse en el contenido: Esta relacionado con la rumiación centrada en la provocación o centrada
en uno mismo, en el primer caso la persona piensa en los aspectos que provocaron el incidente
(incluyendo el enojo y los pensamientos de venganza) y en el segundo se centra en las consecuencias
que puede tener el evento para sí mismo. Ambas formas de rumiación incrementan el riesgo para el
comportamiento agresivo, no obstante, la centrada en la provocación se relación más con la ira y la
venganza y la centrada en uno mismo aumenta el malestar a nivel psicológico.
Forma del procesamiento: Este elemento esta conformado con la rumiación analítica, en la cual la
persona se centra en pensamientos sobre las causas y consecuencias del evento provocando que el
enojo se mantenga por más tiempo. Por otra parte, el elemento también contempla la rumiación
experiencial en la que se centra la atención en los detalles y sentimientos que se presentaron en la
situación lo que ayuda a que el enojo disminuya a corto plazo.
Perspectiva ventajosa: Aquí se hace referencia a que la persona puede verse inmerso en el evento o
distanciado del mismo, en el primer caso la consecuencia es que la persona revive los aspectos
emocionales del evento (ira/enojo), mientras que en el segundo puede desapegarse
emocionalmente lo que hace que las personas sientan enojo, pero no piensen continuamente en la
situación, y por ende, el riesgo a actuar de manera agresiva disminuye; asimismo, se ha identificado
que el distanciarse del evento es efectiva para disminuir el enojo cuando las personas presentan
rumiación analítica.
En relación con lo anterior, se ha identificado que la rumiación se presenta con mayor frecuencia en
personas que tienden a pensar en el evento transgresivo y que cuentan con un bajo control inhibitorio, ya
que tienen dificultades para evitar los pensamientos relacionados con la ira, para apartar su atención de
dichos pensamientos y encontrar maneras más adecuadas de reaccionar a esos eventos, teniendo como
consecuencia que sus respuestas sean más agresivas.
Por lo tanto, cuando aprendemos a identificar los pensamientos que se presentan en situaciones de enojo, el
contenido que tienen y la forma en la que se presentan podemos implementar estrategias que nos ayuden a
no engancharnos con ellos lo suficiente como para que nuestro enojo se vuelva ira y lleguemos a agredirnos
a nosotros y/o a las personas que nos rodean. Estrategias como la distracción o el tomar distancia durante el
evento que conlleva la rumiación han demostrado ser efectivas para disminuir estas respuestas emocionales
y agresivas.
Finalmente, la Terapia Cognitivo Conductual ha demostrado ser eficaz para reducir la rumiación de la ira a
partir de la reestructuración (modificación) de pensamientos y creencias relacionadas a las causas,
consecuencias y memorias de la ira, y también al enseñar estrategias de distracción del pensamiento y de
relajación. Por lo tanto, si identificas que tú o personas cercanas a ti suelen tener pensamientos rumiativos y
que eso ha tenido efectos en tu desempeño personal y social, no dudes en contactarnos.
Referencias
Allen, J. J., Anderson, C. A., & Bushman, B. J. (2018). The general aggression model. Current opinion in
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Ehring, T., & Watkins, E. R. (2008). Repetitive negative thinking as a transdiagnostic process. International
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Denson, T. F. (2013). The multiple systems model of angry rumination. Personality and Social Psychology
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Lievaart, M., Huijding, J., van der Veen, F. M., Hovens, J. E., & Franken, I. H. (2017). The impact of angry
rumination on anger-primed cognitive control. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry, 54,
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