
“Sólo el hombre tiene el poder de contemplar su propia vida y su actividad; sólo el goza del privilegio de la conciencia”
(Rodríguez, Pellicer y Domínguez, 2015)
¿Cuántas veces tomamos una decisión y podemos decir que está basada en lo que realmente queremos y estamos satisfechos con ella? ¿cuántas podemos decir que no era realmente lo que queríamos pero que la tomamos pensando en los demás? ¿con que frecuencia preferimos no hablar sobre lo que nos incomoda o molesta para no causar una discusión?, y a su vez, ¿te han preguntado si estas enojado/a y respondes “no, para nada así soy yo”?
Ser congruentes implica que nuestro lenguaje verbal, corporal y nuestra forma de actuar, están en correspondencia con nuestras emociones y pensamientos, los cuales nos permitamos sentir y expresar. Es muy probable que esto lo supieras o tuvieras alguna idea sobre el tema, sin embargo, son muy pocas ocasiones en las que podríamos afirmar que realmente actuamos de manera consciente y congruente con nuestras ideas, valores y emociones.
Lo anterior se debe a que, al igual que con muchas actitudes y conductas, desde muy pequeños aprendemos que es mejor ocultar o negar nuestras verdaderas emociones y necesidades, ya que muchas veces se consideran inadecuadas para el momento o el contexto en el que nos encontramos. Aprendemos, de alguna manera que si somos demasiado efusivos podríamos molestar a los que no lo son y por ello debemos ser más reservados; que si algo nos molesta o nos incomoda no lo mencionemos porque puede ofender a los demás o puede generar algún conflicto.
No obstante, ¿podríamos afirmar que el hecho de quedarnos callados o no manifestar lo que realmente sentimos nos lleva a una sensación de satisfacción o comodidad con nosotros y con los demás? ¿O lo que ocurre en realidad es que te sientes culpable y enojado contigo mismo por no haber escuchado y atendido tus verdaderas necesidades?
Aprender a ser congruentes no sólo implica que estemos complacidos de actuar y tomar decisiones con base en lo que sentimos, sino que también tiene una implicación importante para la creación de relaciones interpersonales más honestas y duraderas, ya que estar en sintonía entre lo que decimos y hacemos nos permite crear un ambiente de confianza hacia los demás.
Para darte cuenta de ello, tan sólo piensa en algún momento de tu vida en el que hayas conocido a alguien que afirmara ser de una manera y actuaba de otra, por ejemplo, un compañero de trabajo que afirme ser muy confiable y te platica sobre temas personales de alguien más, en unos padres de familia que le dice a su hijo/a fumar está mal, pero ellos lo hacen o una persona que decía no estar enojada pero que su lenguaje corporal (tensión muscular, mandíbula apretada, puños cerrados, entre otros) indicaba todo lo contrario, ¿confiabas en esas personas? ¿platicabas con ellos sobre cosas personales? ¿te sentías tranquilo sobre su respuesta?
Con gran probabilidad la respuesta a las preguntas anteriores fue un ¡no!, y eso se debe a que la incongruencia entre su decir y sus acciones es muy marcada, por lo que preferimos tomar distancia y relacionarnos sólo para lo que sea necesario.
Una vez que aprendemos que nuestras emociones, pensamientos, valores y conductas pueden estar sintonizados entre sí, tenemos la oportunidad de decidir si aquello que nos está pasando en el momento lo queremos expresar a los demás o no, y por esta razón, también somos más responsables de nosotros mismos, asumimos las consecuencias (placenteras o displacenteras) de la elección realizada, ya no dependemos de lo que piensen los demás sobre nosotros pues somos quienes deciden darle o no valor a sus palabras y por ello vivimos de manera más consciente y activa sobre lo que ocurre dentro y fuera de nosotros.
Referencias
Rodríguez, M., Pellicer, G. y Domínguez, M. (2015). Autoestima: clave del éxito personal (Vol. 4). Editorial El Manual Moderno.
Frager, R., & Fadiman, J. (2001). Carl Rogers y la perspectiva centrada en la persona. Teorías de la personalidad.
Rogers, C. (2004). El proceso de convertirse en persona. Editorial Paidós, México.
Suárez, I.G. y Netzahuatl, G. (2012). Empatía, aceptación positiva incondicional y congruencia desde la terapia enfocada al cliente de Carl Rogers. Universidad Nacional Autónoma de México.
Vargas, Á., García, J.R. y Garzón, K.K. (2020). Promoción de la congruencia como actitud en jóvenes universitarios, desde un modelo de acompañamiento psicológico existencial humanista. Revista Electrónica de Psicología Iztacala, 23(3), 1229-1245.
Deja un comentario