
El miedo es una emoción universal que se presenta ante situaciones que implican un peligro (real o imaginario) para nuestra integridad. Aun cuando esta respuesta emocional suele ser intensa, nos permite valorar el nivel de amenaza que existe y preparar a nuestro organismo para reaccionar, ya sea, enfrentando la situación o huyendo de ella.
Sin embargo, este miedo puede convertirse en un trastorno de ansiedad, sobre todo cuando se exacerba la intensidad y la duración de dicha emoción. La ansiedad es uno de los trastornos más frecuentes en la actualidad y que suele tener inicio a edades muy tempranas, por esta razón la infancia y la adolescencia son etapas críticas para su aparición.
El trastorno de ansiedad es multifactorial, es decir, existen factores biológicos, psicológicos y sociales que pueden predisponer a una persona a tener dicho padecimiento. Entre los factores biológicos se ha identificado que las alteraciones en los niveles de neurotransmisores (sustancias químicas del cerebro) como la dopamina y la serotonina. Por otra parte, en los aspectos psicológicos y sociales se ha identificado que los estilos de crianza, el ambiente familiar y cultural y la presencia de eventos traumáticos podrían estar relacionados con la presencia de un trastorno de ansiedad.
Síntomas de la Ansiedad
A diferencia del miedo, la ansiedad se caracteriza por una preocupación excesiva sobre situaciones inciertas con resultados inciertos, es decir, existe inquietud por cosas que aún no han sucedido y esto interfiere con las habilidades que nos permiten buscar y seleccionar estrategias adecuadas para enfrentar y solucionar la situación amenazante.
La ansiedad en la infancia y la adolescencia puede afectar severamente el funcionamiento familiar, social y escolar de los niños debido a los síntomas que se presentan y que ocasionan cambios en la esfera emocional, cognitiva, conductual, fisiológica e interpersonal de los menores; por lo tanto, los síntomas de la ansiedad se clasifican en:
- Físicos: Son respuestas corporales como sudoración, mareos, tensión muscular, dolores de estómago, palpitaciones, ahogos, entre otros.
- Emocionales: Respuestas emocionales como miedo intenso, pánico e irritabilidad.
- Conductuales: Son aquellas cosas que los niños hacen para tranquilizarse o para afrontar situaciones amenazadoras, por ejemplo, morderse las uñas, chuparse el dedo, estar hipervigilantes (a la espera de que algo malo pase).
- Cognitivos: Los niños y adolescentes con ansiedad suelen tener pensamientos catastróficos sobre lo que podría salir mal en el futuro (siempre esperando lo peor) y están preocupados por no poder afrontarlo.
Los síntomas de ansiedad en los menores son muy similares a los que ocurren en la edad adulta, sin embargo, suelen predominar en ellos la irritabilidad y la falta de atención por lo que no es extraño que tengan problemas en el ámbito académico. Recordemos que los niños y adolescentes que sufren de ansiedad suelen estar constantemente pendientes de los peligros que los rodean por lo que se les complica concentrarse en otras tareas y actividades.
Aunado a lo anterior, los jóvenes que padecen de ansiedad suelen tener dificultades para relacionarse ya que de manera frecuente tienen pensamientos amenazantes sobre la opinión o valoración negativa que “podrían” tener los demás sobre ellos.
¿La ansiedad se puede tratar?
Es recomendable que las personas que sufren de ansiedad lleven un tratamiento psicológico y, dependiendo de la gravedad de este, que se combine con el tratamiento farmacológico. Para poder determinar el nivel de gravedad y el tipo de intervención necesario, es indispensable que un profesional capacitado realice un proceso de evaluación y diagnóstico.
Dentro de los modelos psicológicos que han demostrado tener mayor eficacia en el tratamiento de la ansiedad se encuentra el modelo de Terapia Cognitivo Conductual (TCC), ya que se enfoca en el entrenamiento de técnicas de identificación y modificación de pensamientos catastróficos, relajación, afrontamiento, habilidades sociales y solución de problemas.
El objetivo principal de la TCC en el tratamiento de los trastornos de ansiedad es dotar a los niños y adolescentes de herramientas que les ayuden a valorar el grado real de peligro que implican los eventos, factores o estímulos amenazantes y también para encontrar nuevas estrategias que les permita enfrentarlos.
Referencias
Creswell, C., & Waite, P. (2016). Recent developments in the treatment of anxiety disorders in children and adolescents. Evidence-based mental health, 19(3), 65-68.
Creswell, C., Waite, P., & Cooper, P. J. (2014). Assessment and management of anxiety disorders in children and adolescents. Archives of disease in childhood, 99(7), 674-678.
Friedberg, R.D. & McClure, J.M. (2002). Cap 12 Trabajar con niños y adolescentes ansiosos. En Práctica clínica de terapia cognitiva con niños y adolescentes: conceptos esenciales. Paidós. García, A. V. G., Sánchez, C. M., Rosas, A. R., & Lara, M. G. (2020). Intervención cognitivo-conductual en trastornos de ansiedad infantil. Psicología y Salud, 31(1), 37-49.
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